viernes, 10 de julio de 2009

El Erquenchero


Eusebio es músico y fabricante de instrumentos autóctonos. Vive en las orillas del pueblo, en su casa de paredes de adobe y techo de barro, que él mismo construyó.
Eusebio tiene los rasgos indígenas, heredados de los agüelos, que le dejaron por herencia el arte de tocar y hacer erkenchos de asta de toro criollo, traídos de los Valles. Sentado sobre un cuero negro de oveja, puesto sobre un tronco que sirve de banco, está raspando con un trozo de vidrio el cuero de un taurino, para adelgazarlo y templar de esta forma su erkencho. Son tiempos de verano y hay que lograr música de verano. ¡Qué cultura la nuestra! Los erkes son de invierno, los erkenchos, de verano. El erke es largo, de cuatro metros, de caña hueca y una terminación en forma de cuero hecha de cuero de vaca o llama. El erkencho, en cambio, es un cuerno agujereado en la punta, donde se inserta una cañita de diez centímetros, de cuya parte superior se desprende una lengüita cortada en bisel, bien raspada, que vibra en la boca del instrumentista; de allí Eusebio logra sonidos saltarines parecidos al balido de las vacas, con melodía, ritmos y otras alteraciones creadas por él. Eusebio no conoce la escuela, es medio chúcaro, como él se califica; sin embargo tiene una sensibilidad exquisita: en ese instrumento rústico que se llama erkencho logra solo tres notas musicales, con las que hace saltar a su comadre en las ruedas del carnaval.
No sé qué piensa Eusebio, mientras raspa su erkencho: tal vez en sus cinco vacas que tiene en el valle, en la oveja choca que va a tener cría esta semana, en ablandar su maizal o en cavar sus papas... tantas obligaciones que tiene; pero en su erkencho descarga la energía que se vuelve música; más aún si la Evangelista, su mujer, le trae unas empanadas fritadas en grasa, que a Eusebio le deja los labios blancos cuando la grasa se enfría. No le importa que el recado de las empanadas no tenga casi carne, pero tiene mucha papa, porque la carne es cara y no hay plata pa comprarla. Eusebio está contento que haya empanadas, aunque sea de papas: pero que sean hechas por su mujer y que ella misma le alcance en sus manos.
Con más ganas templa su erkencho, con más ganas hace la música, porque la música nace de la brisa ventisquera de la quebrada, de la risa de sus changos que juegan a su lado, del mujido de sus vacas en el valle, del rumor del agua en las acequias, con el gusto grasoso de la empanada que le alcanza su mujer y con el amor filial que necesita el hombre.
Eusebio es simple como el agua, y así de simple le sale la música que entrega a sus carnavales, a su pachamama y a sus fiestas que vive en la quebrada.

Fortunata Ramos
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1 comentario:

  1. Viva Fortunato!!! Lo vi (por vez primera) alla por 1974, cuando empezabamos con Ruben Perez Bugallo en el Grupo Antigal... con su corneta, con su acordeon, con su tarka... me parecia el heredero natural de Tarquino, que aun vivia. Hoy lo veo mas grande (aniejado) y con la grandeza de ir pasando su Cultura a los que vienen despues que nosotros.
    Yo sigo con mis quenitas, los sikus, la arquitectura... haciendo lo mismo, pues.

    Enorme abrazo quenero p'al Maistro Fortunato!!!

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